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martes, 19 de marzo de 2019

LA CONSTITUCION DEL HOMBRE




"Gnostiseauton"

a) Esquema de, la constitución humana y su explicación.
b) Cuadro sinóptico y su explicación.

a) ESQUEMA DE LA CONSTITUCION HUMANA



El YO humano como toda esencia espiritual tiene tres propiedades: la de ser, la de conocer y la de querer; o sea esencia, con­ciencia y senciencia (o resumiendo, esencia consciente y esencia senciente).

La consciencia tiene un instrumento de captación y manifes­tación del conocimiento, que es la mente, órgano psíquico principal de impresión y expresión de la inteligencia, con sus tres modos: intuición, razón discursiva y memoria (o también, inteligencia in­tuitiva, inteligencia discursiva e inteligencia reproductiva), que for­man el mecanismo del entendimiento; y conceptos lógicos, intuicio­nes innatas (o categorías del entendimiento) e intuiciones adquiri­das.

La senciencia tiene un instrumento de captación y manifesta­ción, que es el espíritu, órgano psíquico de impresión y expresión del querer, en sus tres modos, a saber: Intención (virtud o modo potencial); voluntad (que es la fuerza proyectiva o vehículo de la esencia en la existencia) y Sentimiento (que es la capacidad de im­presión psíquica). Y un contenido de intenciones, virtudes o pode­res y voluciones.

El espíritu y la mente, constituyen el alma espiritual e inmor­tal, en sus dos aspectos sensitivo e intelectivo respectivamente[1]. El alma animal, mortal e instintiva, está formada por los ins­tintos, que trascienden a la inteligencia y participan de sus cuali­dades; las pasiones, que trascienden al sentimiento y son incentivos de nuestros actos; y los deseos, que tienen su raíz en los apetitos del cuerpo. Los instintos se enraízan en los deseos, y las pasiones en los instintos; pues todas las grandes pasiones humanas (cono­cidas por los siete pecados capitales), nacen de los dos instintos bá­sicos, de nutrición (o conservación del individuo) y de reproduc­ción (o conservación de la especie)[2].

El cuerpo está formado de tres elementos fundamentales: For­ma ú organización; materia o cuerpo denso, y energía o cuerpo su­til. Estos dos últimos son también respectivamente el cuerpo quími­co y el cuerpo físico o etéreo: Materia y energía organizadas.



La conciencia, por vía de inteligencia e instinto, se manifiesta en la forma. La senciencia, por vía de voluntad y de sentimiento, se manifiesta en la energía. Y en lo que al cuerpo material respecta, el alma intelectiva se manifiesta en la cabeza (donde reside el cere­bro, órgano de la inteligencia); el alma sensitiva se manifiesta en el pecho (donde reside el corazón, órgano del sentimiento); y el alma instintiva se manifiesta en el abdomen (donde residen los ór­ganos qué satisfacen a los instintos de nutrición y de reproduc­ción) 

Dentro de nuestro ser anímico o metafísico se halla también el arquetipo (o "entelequia" de Aristóteles) que no es creación de nuestro Y0, sino "forma substancial" creada por la Mente Univer­sal para informar nuestro ser físico. Esta es nuestra alma vegetati­va, cuyo contenido no depende de nosotros.

Por último, participando de las potencias de la mente y del espíritu, tenemos la imaginación creadora (imaginación en cuanto participa de potencia cognoscitiva y formadora de imágenes; crea­dora en cuanto participa de la fuerza del amor como sentimiento y del amor corno voluntad de existencia); a la cual podemos llamar también con gran propiedad potencia objetiva.

Medítese también en que, toda sensación recogida por los ór­ganos sensoriales del cuerpo, puede afectar a nuestras potencias in­telectuales y marchar por vía de entendimiento hasta nuestra con­ciencia, o puede afectar a nuestras potencias sensitivas y marchar por vía de sentimiento hasta despertar nuestro amor[1]. General­mente afecta a ambas propiedades de nuestro YO.

b) CUADRO SINOPTICO Y SU EXPLICACIÓN

Desarrollando en un diagrama todo lo que acabamos de expo­ner, nos encontramos con la siguiente sinopsis de la conocida clasi­ficación septenaria tan difundida en los círculos esotéricos.

En este cuadro hallamos la mejor clave para la comprensión de la naturaleza humana y para la explicación de ese proceso

post­mortem a que nos referimos en el capítulo siguiente. Además con­tribuirá a deshacer muchos equívocos con respecto a ciertos térmi­nos y conceptos, que por haber sido expresados en lenguas extran­jeras y antiguas, suscitan frecuentemente dudas y vaguedades. Los tres elementos abstractos e inmortales del hombre, que constituyen esa entidad metafísica conocida en la literatura teosó­fica con el nombre de "divina triada", forman su individualidad (o "lo que no es divisible").

Los cuatro elementos concretos y destructibles, cuyo conjunto constituye el "cuaternario inferior", forman su personalidad o más­cara, conjunto de vehículos, cuerpos o envolturas de manifestación, que le sirven de instrumentos durante la vida física. 

Los tres elementos sutiles o hiperfísicos de esta personalidad (cuerpo etéreo, vitalidad y alma animal) que sobreviven durante un cierto tiempo a la muerte del cuerpo físico, conforme ya hemos ex­plicado, constituyen el "fantasma", "cascarón astral" o "elementa­rio", que, separado ya de la individualidad (y por tanto sin concien­cia directriz) puede manifestarse con sus cualidades psíquicas ele­mentales, atraído por el círculo magnético de una reunión espiri­tista. 
El plano hiperfísico, que corresponde a estos tres elementos, se llana "Mundo astral".
(En realidad deberíamos llamar cuerpo físico al cuerpo astral, y en cambio al cuerpo denso llamarle cuerpo químico).


Los estados de conciencia (o proyecciones de consciencia) en cada uno de los elementos y su mundocorrespondiente, se realizan en un orden ascendente después de la muerte y tras las sucesivas disgregaciones de los vehículos de la personalidad. Pero estos es­tados de conciencia, objetivados en el proceso post-mortem, se rea­lizan subjetivados durante nuestra vida terrenal, sin orden deter­minado y con arreglo a las vivencias consecuentes a las circunstan­cias de nuestra vida: El que vive dedicado al estudio, apartado de la vida mundana, mora casi continuamente en estado de conciencia celeste o devakhánico, puesto que polariza su consciencia en el pla­no de la mente creadora y de las ideas. Por el contrario, el que vive entregado al cultivo desenfrenado de sus pasiones y sus deseos ins­tintivos, con sus secuelas de dolores y desengaños, mora en un es­tado de conciencia auténticamente infernal; vive en el káma-loka o lugar del deseo, del cual puede sacarle una rectificación a una edu­cación superior.

Estos estados de conciencia son las "moradas" a que se refi­rieron los místicas castellanos y musulmanes (Santa Teresa, Mohi­din), la, estancias, círculos y cielos dantescos, y los lugares, en fin, a que se refieren invariablemente todos los textos de las religiones positivas, objetivando sistemáticamente lo que es subjetivo; no sin razón, puesto que esta objetivación es plena realidad en los procesos anímicos que siguen a la muerte corporal, conforme dejamos apun­tado.

En el mundo de la manifestación hay una "realidad" indepen­diente de nuestro conocimiento de ella. Esta realidad (el mundo) es el pensamiento de Dios, objetivado. En estado de "no manifes­tación" (el del alma tras de la muerte) la realidad es el propio pen­samiento individual objetivado. Solo existe entonces, perceptible­mente, lo que hemos creado con nuestra mente. Y esto es nuestro cielo a nuestro infierno.

Dr Eduardo Alfonso


NOTAS




[1] La confusión corriente de aplicar el nombre de espíritu unas veces a la esencia y otras veces al aspecto senciente del alma, estriba ea que real­mente espíritu (de spiro, soplo o aliento) es tanto lo que tiene capacidad de alentar a una forma de vida (al modo en que lo hace la esencia) como lo que proyecta esta esencia en la existencia por medio de la manifestación en formas y cuerpos tal como lo hace la voluntad que es facultad del al­ma). De esto resulta cierto que la esencia es espíritu puro y que el alma es espiritual; por que, efectivamente, sin esencia no habría posibilidad de existencia.

No es tampoco un capricho cl haber elegido la palabra espíritu o soplo, puesto que se manifiesta en los órganos del pecho donde radica la respi­ración. Ni tampoco es casual llamar inspiración a la función intuitiva y creadora del espíritu, tanto como a la función respiratoria de captación del aire. San Agustín en "La Ciudad de Dios" (Cap. XXIII del Libro XIII) distingue entre el "Pneuma" o Espíritu Santo y el "Pnoen" o Espíritu de Vida (Alma animal) añadiendo: "Aquel soplo espiritual que salió de la boca carnal (Espíritu de Vida) no era substancia o naturaleza del Espíritu Santo, sino una significación suya". Es decir, distingue el espíritu como "esencia senciente" del espíritu como "voluntad de exis­tencia". Y esto concuerda con nuestra posición reflejada en el esquema.

[2] Platón decía que el hombre tiene tres almas: Espíritu, corazón y deseos; o sea tres órdenes o grupos de facultades completamente identificables con las tres clases de alma, intelectiva, sensitiva e instintiva, expuestas por nosotros, y que se corresponden con el alma intelectiva, alma sensitiva y alma vegetativa de los escolásticos.